RAÚL PINEDA
@RalPineda
La oposición de los empresarios al ajuste de precios ordenado por el presidente Nicolás Maduro sorprende por la falta de valentía y sinceridad de las argumentaciones. Además de ignorar el repudio de todo el país contra el enriquecimiento grosero de sus afiliados, Fedecámaras abandona a los pocos de ellos, minoristas, que vendieron presionados por sobreprecios inflados por los mayoristas.
Obviamente, la cúpula oligárquica protege así a las grandes empresas consolidadas que lo hacen de manera voluntaria, acatando la consigna de desquiciar la economía del país, reivindicando el derecho a encapucharse para contrabandear dólares oficiales a través de terceros pertenecientes a sus propias empresas.
Sin un discurso coherente para responder a esas y otras evidencias en su contra, el sector empresarial refleja lo que ya toda la opinión pública conoce: que en Venezuela existen dos tipos de empresas: las públicas y las privadas, cuya voracidad parasitaria, según la filosofía del mercado, nunca tendrá límites.
Para Fedecámaras “solo 100 millones de dólares semanales” subastados por el Sicad, son “insuficientes”. Pero si dispusieran de todos los recursos del petróleo, la “libertad de empresa” les permitiría seguir elevando los precios por encima de la inflación, de su propia ley de mercado y de las leyes venezolanas.
Así es el mundo capitalista. El sector privado con mayor poder económico no prospera con sus propios recursos, sino con los del Estado. La gerencia sana y autosuficiente no existe, excepto para los pequeños empresarios. No le busquemos respuestas éticas al asunto, porque no las hay. Se trata de un largo proceso de envilecimiento político de las altas esferas empresariales.
Podrán bañarse con las más caras fragancias, pero el tufito parasitario no desaparece ni con cloro.
19/11/13
Sección: TÍTULOS CCS, VOCES CCS
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