jueves, 25 de octubre de 2012

lunes, 15 de octubre de 2012

Quieres Ayudar? Ayúdate Primero!


¿Quieres ayudar? Ayúdate primero. Sólo los amados aman. Sólo los libres libertan.
Sólo son fuentes de paz quienes están en paz consi­go mismo.
Los que sufren, hacen sufrir. Los fracasados necesitan ver fracasar a otros. Los resentidos siembran violencia. Los que tienen conflictos provocan conflictos a su alrededor.
Los que no se aceptan no pueden aceptar a los demás.
Es tiempo perdido y utopía pura pretender dar a tus semejantes lo que tú no tienes. Debes empezar por ti mismo. Motivarás a realizarse a tus allegados en la medida en que tú estés realizado.
Amarás realmente al prójimo en la medida en que aceptes y ames serenamente tu persona y tu pa­sado.
"Amarás al prójimo como a ti mismo", pero no perderás de vista que la medida eres "tú mismo". Para ser útil a otros, el importante eres tú mismo. Sé feliz tú, y tus hermanos se llenarán de alegría.

Ignacio Larrañaga

TRES PASOS PARA LA SUPERACIÓN PLENA


TRES PASOS PARA LA SUPERACIÓN PLENA

Introducción
Las Verdades del Amor existen desde siempre. Son parte de la creación divina.
Para CRECER verdaderamente es imprescindible que te pongas en contacto con ellas. Búscalas en los buenos libros de superación personal, en la Biblia, en conferen­cias sobre el éxito, en homilías, en tratados de moral, en consejos de amigos, en poesías, en canciones. Las Verda­des del Amor están a tu alcance y debes empaparte de ellas. Con su ayuda irás descubriendo una poderosísima energía interior que hay dentro de ti y que hasta ahora desconoces. Una energía con la que lograrás la realiza­ción diaria y la felicidad.
Las formas en las que las "verdades" se nos dan son extraordinariamente variadas, bien que por lo mismo existe el gran peligro de quedar inmune a ellas. Casi cualquier persona ha escuchado muchas a lo largo de su vida y eso les hace suponer que lo saben todo. Por eso es tan difícil aconsejar a un adulto y por eso las personas adultas se superan con tan vergonzosa lentitud (en com­paración con la celeridad con la que los jóvenes se superan).
Todo lo que digas a la mayoría de los adultos respecto a cómo mejorar, son sentencias que de una u otra forma ya conocen; pero no es suficiente con manejar los con­ceptos o recitarlos como predicador; hay hombres que atesoran toda la sabiduría del éxito y sin embargo son unos perfectos fracasados.
Así pues, es imprescindible leer mucho, documentarse ávidamente y, al hacerlo, seguir cuidadosamente tres pasos para que todas las leyes leídas funcionen: 

Primer paso: Doblega Tu Orgullo
imagina que estás al borde de una montaña, justo en el punto en que si das un paso más caerás al precipicio. Te detienes y miras. Frente a ti, cerca pero inalcanzable, se halla otro monte con verdes prados; puedes verlo perfectamente, pero no puedes cruzar. Necesitas un puen­te. Exactamente así está la gente que presume de poseer sabiduría, pero que es desdichada. Conoce y es capaz de mencionar los secretos para triunfar, pero no puede vivir­los. Se halla al borde del precipicio y aunque vislumbra la montaña de la superación con toda claridad, ésta forma parte de su entendimiento pero no de su vida. Le falta un puente para poder cruzar hacia ella: EL PUENTE DE LA HUMILDAD.
Cuando escuches consejos de amor reconócete imper­fecto; por más que te quieras a ti mismo, date cuenta que aún te falta mucho por aprender y que incluso un niño puede enseñarte si eres receptivo. Sensibilízate y deja a un lado el orgullo y la vanidad. No pierdas el tiempo murmurando sobre las apariencias. Evita a toda costa distraerte haciendo críticas insanas con relación al aspec­to o voz del orador en una conferencia; no te recrees inútilmente buscando errores al estilo de un escritor; no te burles de las expresiones confusas; no censures los defectos del maestro. Sé humilde y permanece atento para que seas capaz de traspasar la densa niebla de las apariencias y recibas el chispazo de la luz que se te dará. Tu vanagloria puede impedirte entender hasta las verda­des más evidentes. No seas como los necios que se creen superiores al que está narrando una historia sólo porque ya la han oído antes y se adelantan ufanos contando el final.
Excluyete y aprende.
Nunca pienses "es obvio", "eso yo ya lo sabía", "no es nada nuevo para mí", "tanto llegar para algo tan conoci­do". Los adultos estancados repiten estas frases con fre­cuencia. No basta con saber las cosas, hay que vivirlas. 
El que abre su mente, es sencillo de corazón y guarda silencio dispuesto a aprender, consigue asimilar lo que el ufano sólo consigue oír. No hay otro primer paso hacia la grandeza: doblega tu orgullo.
Al hacerlo comenzarás a cruzar el puente de la humil­dad y entonces ocurrirá en ti el fenómeno ineludible: te sensibilizarás y conmoverás. Inclusive llorarás. Cuando el orgulloso logra quebrantar su ego, se emociona y con lágrimas en los ojos reconoce: ¡Realmente es grande y poderoso esto que escucho; yo lo sabía pero nunca lo había meditado tan a fondo! Y sólo entonces empieza a crecer.

Segundo paso: Persevera En Soledad
¿Qué hay del otro lado del puente de la humildad? ¿Qué ocurre en la mente humana después de que lo cruza, se conmueve y llora?
Se pisa un prado en el que podemos vivir en carne propia los conceptos de superación y nos inundan enor­mes deseos de cambiar. Anhelamos ser mejores, hacemos planes, nos abrasa la llama de la automotivación y nada más. Casi siempre hasta ahí llegamos para después de unos días regresar por el mismo puente rumbo a la mediocridad de antes, sólo que ahora creyendo tener la experiencia y la sapiencia de palabras hermosas, aunque inútiles.
Lo anterior nos ocurre al volver a las actividades y problemas diarios después de un retiro espiritual, una conferencia, o la lectura de un libro que nos hizo reflexio­nar.
Es un fenómeno del hombre ordinario: siempre olvida sus propósitos y vuelve a ser como antes.
Si quieres superarte, debes tener la precaución de no regresar.
Una vez que aprendas algo y te propongas aplicarlo, hay que dar el segundo paso: Luchar en soledad para interpretar a tu modo los conceptos. 
La filosofía del éxito es como un perfume que no puede olerse hasta que lo combinas con tu propia esencia. No aceptes sin pensar las cosas que se te digan porque sería igual que si no se te hubieran dicho. Sólo cuando diluci­des a tu manera las teorías de otros las convertirás en tu verdad.
Al llegar a este punto debes entablar largas pláticas a puerta cerrada contigo mismo; debes orar, meditar, rela­jarte, hacer que los conceptos penetren en ti, llegando a tus propias conclusiones, poniéndote de acuerdo contigo y nada más que contigo de la manera en que aplicarás en tu vida lo aprendido. Esta práctica en soledad es imprescindible y debe ser constante, debe volverse un hábito. Sólo en ella el concepto de "Dios"deja sus matices mitológicas para brindarte alternativas de realidad.
Hay mucha gente que le teme a la soledad, que apenas se ve apartada enciende la televisión o llama a algún amigo por teléfono; es gente que nunca deja el fango de la mediocridad. Aprende a encontrarte contigo mismo para disfrutar de tu propia compañía. Sólo así asimilarás la sabiduría que te llevará a la cima.

Tercer paso: Da Testimonio De Tus Conclusiones
una vez que hayas permanecido en el valle de la meditación a solas, deberás compartir tus conclusiones con la gente. No tengas miedo de decir algo que ya se ha dicho. Tu manera de comunicarte puede ser, para mu­chos, más poderosa y reveladora que las que conocieron anteriormente. Dios puede usar tu estilo único de expre­sarte para salvar alguna vida perdida. Así que habla, escribe, dicta cursos, da consejos, conviértete en prego­nero del amor que has logrado asimilar y vivir en soledad.
Sólo cuídate de no volverte un charlatán o un presu­mido. No te ufanes de tus conocimientos, no enseñes con altivez. Para hablar debes practicar constantemente la humildad de espíritu y la meditación en soledad. Si así lo haces, aconseja sin miedo. No importa que aún no hayas comprobado la eficacia de tus teorías, porque nunca lo lograrás hasta que las compartas. Hay gente muy pro­funda que no dice cuanto sabe porque espera que sus secretos la transformen primero en alguien superior. Pero eso nunca ocurrirá. Para que las verdades del amor trans­formen a una persona debe cerrarse el círculo de compar­tirlas. Es una especie de broche de oro que sólo muestra su brillo cuando se exteriorizan los nobles ideales. Es una ley infalible: los escritores de superación, los psicólogos, los laicos y hasta los sacerdotes mismos sólo empiezan a vivir plenamente las ideas en las que creen hasta que se comprometen con ellas al divulgarlas.
Los grandes tesoros que no se comparten se vuelven agua estancada que en poco tiempo se descompone y hace daño a quien la tiene.
Es importante recordar que para lograr el éxito en la vida se requiere, primeramente, ponerse en contacto con los conceptos del amor, y una vez frente a ellos seguir tres simples pasos:
l.-La humildad de corazón.
2.-La meditación en soledad.
3.-E1 testimonio de tus conclusiones.
No puede faltar ninguno de los elementos.
Ahora ya lo sabes. El camino hacia el éxito está a tu alcance. Sólo falta que lo transites.

Qué es mejor?

"Es mejor perder una discusión y ganar una venta,
que ganar la discusión y perder tu venta." - Alex Dey

miércoles, 10 de octubre de 2012

Lecciones de una mexicana exitosa en LA


Lecciones de una mexicana exitosa en LA
Por Marisol García Fuentes 24-05-2012 Lulú desarrolló la industria de las gelatinas listas para consumir en Estados Unidos. En el camino aprendió duras lecciones.

María de Lourdes Sobrino es mexicana y una de las más reconocidas empresarias de Los Ángeles, en California. Hace 30 años fundó Lulu’s Dessert (www.lulusdessert.com), una compañía que desarrolló el mercado de las gelatinas listas para ser consumidas en Estados Unidos.

En esa época, recuerda la emprendedora, no era común encontrar ese producto en los supermercados o panaderías del país vecino. “Simplemente era un concepto que no existía”, afirma Lulú, como la llaman sus familiares y amigos.

Hoy, la empresa brinda empleo directo a 40 personas y tiene ventas anuales de casi US$8 millones. Además destaca entre las compañías más grandes y de más rápido crecimiento que son propiedad de un hispano en EE.UU., según la Asociación Nacional de Mujeres Empresarias (que representa a más de 10 millones de mujeres de negocios en todo el país).

La historia emprendedora de Lulú en Estados Unidos comenzó en 1982, cuando se instaló en ese país con la idea de expandir el negocio de realización de eventos y convenciones que tenía en la Ciudad de México. Al principio todo marchaba bien; sin embargo, con la devaluación del peso ocurrida a finales de ese año sus clientes mexicanos ya no pudieron contratar sus servicios y tuvo que cerrar el negocio.

La empresaria, que ya contaba con una visa de inversionista, decidió quedarse en Los Ángeles en lo que la situación se componía. Y una tarde, buscando las gelatinas listas para comer que eran tan comunes en su país, encontró la idea que estaba buscando para abrir un nuevo negocio.

“Surgió como necesidad porque yo quería comer las gelatinas y no las encontraba en las tiendas”, recuerda. Parecía sencillo, ya que su madre le había enseñado a prepararlas. Sin saberlo, estaba por crear la primera empresa dedicada al ramo de las gelatinas listas para consumir en EE.UU.

Lo primero que tuvo que hacer fue establecerse formalmente como una empresa, un requisito del Departamento de Salud norteamericano para distribuir y comercializar alimentos preparados. Con una inversión de US$50,000, Lulu’s Dessert comenzó a operar en Torrance, al sur de Los Ángeles.
Abriendo puertas
Al principio Lulú buscó sus primeros clientes en áreas donde se concentraba la población latina. Elaboraba 300 gelatinas al día, que distribuía y dejaba a consignación en pequeñas tiendas de Long Beach, Wilmington y Carson. En la actualidad la empresaria produce 30 millones de unidades al año, en 40 variedades.

“Al principio me encontré con mucha desconfianza en cuanto al potencial del producto, pero insistí e insistí a los encargados de las tiendas para que me dejaran ponerlo en los refrigeradores”, cuenta. Para su sorpresa, el producto se acababa pronto y siempre le pedían resurtir.

Pero había que trabajar en desarrollo de fórmulas que tuvieran suficiente vida en el anaquel y llegar a más consumidores, sobre todo los provenientes de México que no estaban acostumbrados a encontrar el postre en las tiendas estadounidenses. Para lograrlo, diseñó un envase de su producto con los colores de la bandera mexicana y la llamó The Original Mexican Gelatin, que hasta la fecha sigue siendo una de las más reconocidas.

Lulu’s Dessert y sus gelatinas de tres colores se posicionaron rápidamente entre la comunidad de hispanos y entonces los supermercados más grandes, como Walmart, le comenzaron a comprar. Fue el momento de mudarse a una planta industrial más grande, ubicada en Huntington Beach. Para ello, pidió un préstamo de US$1 millón en 1999.


Y con el tiempo sucedió algo previsible: debido a la creciente demanda del producto y luego de conocer el concepto de Lulú, gigantes de la industria como Jell-O/Kraft también sacaron su línea de gelatinas. No era el único reto de la emprendedora, que en ese momento también enfrentaba obstáculos serios como algunos errores de planeación y un endeudamiento excesivo.

La empresaria relata que en un inicio tenía sus estados financieros en orden; sin embargo, luego aceptó más créditos que al final no supo manejar. “Me endeudé muchísimo y las ventas no se dieron como yo había previsto”, dice. Fue tal la situación, que no pudo pagar las mensualidades y hasta tuvo que vender su casa con tal de salvar su negocio.

Pasaron cinco años para que pudiera recuperarse y registrar ganancias. Una de las claves para lograrlo, dice, “fue la pasión que tengo por el negocio y la confianza en mi misma para seguir adelante”. Pero antes tuvo que resolver muchos problemas y pagar el precio de no tener un plan de negocios.

Escucha a los expertos
Un acierto para salir de la crisis fue aceptar que un grupo multidisciplinario de la Universidad de Fullerton, en California, analizara la situación de su empresa. Lo primero que le recomendaron fue formar una mesa de consejeros que le ayudaran a tomar mejores decisiones.

“Los hispanos en este país somos, lamentablemente, muy individualistas, pero con el tiempo he aprendido que no sólo se necesita del consejo de los expertos para hacer los ajustes necesarios, sino también ser mentor de otros emprendedores”, reconoce.

Lulú se enfocó además en posicionar mejor su producto entre el público estadounidense y así conseguir más clientes. Para lograrlo, una de las estrategias fue hacer demostraciones en tienda, pero sobre todo acercarse a los llamados corredores de alimentos o food brokers. Estos personajes son fundamentales en el mercado americano, ya que con base en una comisión promueven y colocan los productos en las grandes cadenas de comercialización.

Con el negocio de las gelatinas en expansión, Lulú buscó diversificarse y en 1990 fundó Fancy Fruit Corporation, una división de paletas congeladas con frutas. Pero con la nueva aventura también llegaron nuevos problemas.

El negocio de los congelados en EE.UU. está dominado por los gigantes de la industria y el costo de mantener el producto en las cadenas comerciales es muy elevado. Por eso Lulú optó por exportar. Empezó con Nueva Zelanda, Chile, Gran Bretaña y Canadá, pero los altos costos de producción y transporte empezaron a mermar los resultados. Pensó que la salida estaba en abrir una distribuidora en su país natal bajo el nombre Fancy Fruit de México.

A finales de 1994 llegó una nueva devaluación del peso mexicano. Mientras tanto, la excesiva tramitología y las limitaciones para distribuir los productos por parte de los transportistas obligaron a Lulú a parar la producción en repetidas ocasiones. Por años intentó continuar apoyándose en las compras de su principal cliente, Walmart México, pero los gastos y los problemas se seguían acumulando.

Focalizarse
Para inicios del año 2000, mientras construía una nueva planta de gelatinas en Vernon, California, la empresaria tomó la decisión de cerrar Fancy Fruits. “De haber estado más abierta a entender lo que era un capital de riesgo o venture capital, hubiera podido salvarla, pero no tenía los conocimientos para poder hacer una alianza en ese momento”, reconoce.

En ese momento Lulu’s Dessert ya distribuía sus productos en supermercados de California, Illinois, Texas, Nevada y Arizona. Los planes eran entrar a hospitales y escuelas de esas localidades, pero en septiembre de 2001 ocurrió el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York y, con el golpe que sufrió la economía norteamericana, la empresa nuevamente tuvo que virar de dirección.

“El mercado se contrajo nuevamente y ya no era tan fácil conseguir préstamos”, cuenta. La nueva planta era muy grande y los gastos muy elevados. Además no contaba con el flujo suficiente para mantenerla operando, así que decidió vender las instalaciones después de cuatro años.

La empresaria llegó a un acuerdo con el nuevo dueño para permanecer operando allí. Determinó no buscar más territorios ni intentar crecer más, sino concentrarse en los clientes que tenía hasta ese momento. El año pasado venció su plazo para trabajar en Vernon, pero una casualidad del destino la hizo regresar a Huntington Beach, donde inició su negocio hace 30 años.

A inicios de 2009, Lulú volvió a contactar a la Universidad de Fullerton para hacer un nuevo diagnóstico empresarial. Ahora ya tiene un
plan de negocios y una nueva mesa de consejeros con quienes estudia nuevas estrategias. También realiza proyecciones financieras y analiza la posibilidad de expandirse a través del otorgamiento de licencias.

Además, participa en varias mesas directivas como consejera de
ProMéxico y es vicepresidenta de la Asociación Mexicana de Tecnología, Empresariado y Cultura (Tecma) en Orange County, California. Desde ahí busca ser inspiración para nuevos emprendedores y orientarlos en sus negocios.

Por último, Lulú considera la posibilidad de acceder al Fondo Migrante, que lanzó el gobierno mexicano el año pasado. El objetivo de estos recursos es apoyar proyectos productivos de connacionales que generen empleos y fuentes de ingresos para sus comunidades de origen.

La idea de Lulú es acceder a estos fondos, cuyo tope es de $2 millones, para establecer una nueva planta en Tijuana, BC. Desde ahí, además de abastecer al mercado norteamericano, buscaría incursionar con sus postres en el mercado nacional.

Visión, pasión y audacia
Sus 30 años como empresaria le dejaron a Lulú las siguientes lecciones.

Creer en el producto. Tener una pasión por lo que haces y produces es fundamental. Esto te dará fuerza para salir de los problemas y encontrar soluciones.
Tener una visión, valores y un plan general de negocios y de vida. Lo necesitarás para estar preparado en el futuro, establecer prioridades y lograr un equilibrio en tu vida.
Tomar riesgos. Aunque hayas planeado tu negocio, existe la posibilidad de que algo salga mal, por eso, debes atreverte a tomar decisiones, enfrentar los problemas y resolverlos con integridad.
Compartir el riesgo. Si tu negocio está creciendo, evalúa la opción de tener un socio.
No abarcar demasiado. Para ello hay que buscar asesoría profesional siempre, además de analizar tus estados financieros y hacer proyecciones. No te expandas más allá de tus capacidades.
Aprender a delegar. La empresa no debe depender de ti. Como líder debes construir un equipo y prepáralo para que juntos tomen las mejores decisiones.
Compartir tu experiencia. Estar en contacto con empresarios exitosos te ayudará a aprender de sus errores y a inspirar a otros a ser mejores

Perdedores

Los perdedores son gente que tiene miedo a perder. 

Robert Kiyosaki






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